Me sumergí sin celdas en mi conciencia indolente,
Adormecí las ausencias y las encerré bajo llave,
No había nadie, salvo yo.
Me embriagué de música, y emprendí el viaje.
Nadé sin saber nadar,
Conduje sin reparar en mis miedos,
Amé sin esperar ser amada,
Lloré desde una herida ya cicatrizada.
Y aquí estoy otra vez,
Con los miedos intactos
Sin saber nadar,
Sin poder conducir,
Esperando ser amada,
Y llorando una herida que no ha cicatrizado
