
La magia detona la luz con su llanto,
Sucesos, vestigios, dolor tras su paso,
Colinas continuas parecen tan altas.
Me empino en la punta de un árbol caído
Concisa recorro la prudencia de un gesto,
Me colma de halagos, me aguarda en penumbra.
Me siento al ocaso, repaso mis días,
Me ahoga el silencio, me zurzo el desanimo.
La miel de mis labios evocan recuerdos,
Mi mente construye abrazos que auxilian.
Sumisa yo acato, la verdad del desvelo.
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