lunes, junio 23, 2008

Hace 18 años, un día como hoy fui madre de una pequeña niña....le llamamos Victoria Paz



Cada uno de tus cumpleaños me trae aromas, sensaciones, sentimientos, colores, palabras.

El aroma a lo desconocido, la sensación de vulnerabilidad. El sentimiento de abandono materno en un momento tan crucial, el estremecimiento eterno de mi cuerpo frágil, el color gris de esa mañana de llovizna.

La llamada sin calma de la noche anterior, la inconexión ambulante de mi ignorancia, la mano del médico de turno en mi frente ancha, sus mensajes serenos ante mis ojos perdidos.

¿Está bien?- pregunté - Es una niña, me respondieron, una pequeña niña…. Mis ojos se nublaban. Antes de cerrar los ojos, alcance a distinguir un reloj colgado en la muralla; 09:03 Hrs. de la mañana, sábado 23 de junio de 1990.

La anestesia me mantuvo ausente por algunas horas, aún desconocía que al despertar, nunca más volvería a ser la misma. Cuando lo hice sentí el llanto descontrolado de una mujer a mi izquierda; al otro lado otra mujer sollozaba en silencio.

Aún con náuseas, quise saber porque clamaban. La mujer de la izquierda lo hacia porque su bebé había nacido muerto; la mujer de mi derecha había sufrido una pérdida al poco andar su embarazo.

Y ahí estaba yo, al medio de ellas dos. Una niña se había aferrado a la vida con una fuerza inusitada, y esa niña ya tenía nombre: VICTORIA PAZ.

Recuerdo nítidamente quienes estuvieron cuando regresé a la habitación, y recuerdo nítidamente también quienes no estuvieron. Eso me marcaría más tarde. Una piedra anidaría en mi mochila desde ese momento.

Al llegar la noche, nos encontramos solas, esa pequeña niña y yo… solas. - Debe amamantarla dijo una señora. - ¿Cómo debo hacerlo? Pregunté.

La pequeña Victoria se aferró a mi pecho, aún siento el dolor que me provocó. Al encontrarnos a solas por vez primera y mientras intentaba alimentarla…lloré.

Le dije muchas cosas esa noche. Entre ellas, me presenté formalmente. Soy tu mamá le dije emocionada. Desde hoy vamos a estar siempre unidas, nunca estarás sola.

Supe en ese instante lo que era amar a alguien más que a uno mismo. Supe para siempre que esa pequeña niña sería lo más importante en mi vida.

Han pasado largos 18 años, y aunque ya es una mujer, para mí siempre será mi niña, mi pequeña niña.

1 comentario:

vivi dijo...

ufffff, que te puedo decir....me emocionan mucho tus palabras, creo que atraves de ellas logras el objetivo que creo tiene tu blog, que es el transmitir sentimientos... creo que la victoria se siente muy orgullosa de ti, ser mamà no es facil, lo digo con conocimiento de causa...pero lo mas importante es que nuestros hijos no duden nunca del inmenso amor que se llega a sentir por ellos.