Los transeúntes dejaban de huir de las frías madrugadas,Un sol de septiembre me vestía de esperanza al arrancar el día,
Mi ropero lucía poblado de pálidos y furiosos colores
Aun cuando el negro seguía siendo el color elegido….
¡Pensaba cuanto trabajo me costaba desprenderme de él!
Nada parecía entibiar mis escarchadas manos
El sol ofrecía su calidez a todos los transeúntes,
menos a mí.
Una oficina era testigo de mis avergonzadas manos,
y mi ánimo trastocado.
Y allí estaba yo,
Impávida testigo del transcurrir ingrato de tiempo y espacio,
desarmando vestigios de un amanecer sereno,
testigo insomne de mi soledad tozuda.
Pasajera ausente de caminos jamás andados.
En este vuelo he fracturado mis alas
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