Renuncio al abrazo mezquino,
Al beso fiado y el amanecer sin trasnoche,
Renuncio al silencio nocturno, a la conversación sin yo misma,
Al llanto sin risa y a la soledad atestiguada,
Renuncio al desprendimiento de mis paredes aún con vida,
Y el cantar maltrecho de mis afanes truncos.
Renuncio a la fertilidad de mis entrañas añosas,
Y al sueño fecundo de transportar vida.
Renuncio al descuido de mi piel deslavada,
Y la elocuencia de mi voz ya gastada.

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