Tanta herida abierta me provocó septicemia,
pero mi apego a la vida me devolvió al punto de partida,
se me regeneraron los tejidos del alma,
los hábitos, las majaderas rutinas,
y me tejí a su usanza.
Y así fue como después de un lapsus de penumbra,
me descubría nuevamente viva.
Serrano comenzó a entibiar mis escarchadas manos,
Sabina vino a devolverme el mes de abril,
Feliú susurró Vida en mis eclipsados oídos,
Bebé empoderó mi indómita femineidad masculina.
Y Silvio me sopló lo que Eva y yo teníamos en común.
Recordé que no son sanos los afanes truncos,
que la vida no puede transcribirse en una sola línea,
que por mi cuerpo, no sólo corre sangre,
También sueños, deseos, nostalgias,
Y sombras.

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