jueves, diciembre 19, 2013






Cuando camino hacia el albergue, siempre me pregunto que nos traerá la noche y debo reconocer que no existe un día en que algo no me haya sorprendido ni inquietado. Cuando regreso a casa cada noche y llego a casa, abrazo a mis hijas y a mi compañero y me siento agradecida. Agradecida por tener una familia, un hogar, un trabajo, buena salud, hijas sanas. Cosas que quizá más de alguien sienta como naturales, pero que otros/as no tienen. La vida en calle es dura, no tener familia, un hogar, un trabajo, equilibrio emocional, tranquilidad es tan triste. Hoy hubo una historia que me conmovió y que aún me ronda. Mucha gente rechaza al borrachito que camina zigzagueando, pero pocos se detienen a pensar que lo llevó a transformarse en aquel hombre desaseado harapiento y perdido. Les aseguro que se sorprenderían.

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