Hace dos semanas volvimos con todo. Amanda al jardín y yo organizando mis tiempos para repartirme entre mis dos trabajos, intentando hacer calzar todo para estar en todas, dedicando tiempo en la noche para preparar clases, responder oportunamente a las obligaciones del diplomado, ir a dejar y buscar a mi hija al jardín, hacer las tareas del hogar y lo más bello del día; reencontrarnos en familia para compartir lo que nos trajo el día, sentarnos a la mesa los tres y conversar, reírnos y luego, al anochecer acompañar a mi pequeña a la cama, acostarme a su lado, conversar de la vida y cantarle las canciones que me pide antes de cerrar sus ojitos. Parece mucho y quizá lo es, pero todo todo todo lo que hago me llena y me hace feliz. Hoy es viernes y tenemos 48 horas sólo para nosotros. Amo mi familia, amo el hogar que hemos construido. Amo enseñar y compartir el amor por el Trabajo Social, amo los desafíos a los que me enfrento día a día en mi trabajo; ese que me remece, me interpela y me compromete. Amo escribir y compartir mis sentires. Amo reencontrarme con otros/as mujeres y hombres que en ocasiones ni conozco, sabiendo que compartimos ideales, formas de ver la vida, y con las cuales vamos tejiendo redes de amor, humanizando la web. Sé que estoy viva porque en todo lo que hago pongo el corazón y las ganas, pero como todos los seres humanos vivo entre luces y sombras y he aprendido a escucharme iluminada y sombría, eterna y etérea, frágil y fuerte. Este es el preámbulo con que comienzo a decantar mi semana y le doy la bienvenida a mi anhelado fin de semana en que me nutro del amor de mi amado Pedro y mi amada Amanda y del amor a la distancia de mi amada Victoria.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario