Al salir de casa esta mañana nos aguardaba una brisa otoñal. Al recorrido habitual sumamos la búsqueda de hojas. Amanda se preguntaba porque las barrían y no las dejaban ahí tiradas, si eran tan lindas. Acordamos hacer un próximo recorrido recogiendo las más bellas. Como cada día me quedé junto a ella un rato en el jardín. Colgados en la sala estaban los trabajos realizados el día anterior. Busqué atentamente entre todos el de mi Amanda y ella se sintió contenta de mostrármelo. Ella se quedó feliz jugando con su amiguito Reinaldo (Reinaldillo le dice ella con cariño) y yo me regresé nostálgica; del otoño, de sus hojas, de la proximidad de la lluvia y del beso y abrazo que mi pequeña niña me regaló al despedirnos. Nada de lo que digo es importante , sólo es trascendente.

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