domingo, julio 27, 2014

Ya estoy arriba del bus. Desde la ventana observo a una pareja, por el parecido parece ser un padre y una hija que se toman su tiempo antes de la despedida. Su sentimiento me traspasa, comienzo a emprender un viaje hacia los afectos. Los afectos más puros que puede experimentar un ser humano, el reencuentro con una de las personas más importantes en mi vida. Los días que precedieron a este me tenían en un estado de ansiedad permanente; hoy en cambio puedo experimentar la calma. Me siento serena y llena de esperanza. Voy dispuesta a dar y recibir los abrazos que nos debemos, las risas, la complicidad de nuestras conversaciones. Amanda se quedó triste, antes que partiera ya me extrañaba. Pequeña niña regalona, sólo un poco de paciencia y te traeré a tu amada hermana...

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