Soy la palabra que sorprendida a solas quiso por fin escribirse
miércoles, abril 22, 2015
A veces me gustaría saber si tuve otras vidas, si la maternidad estuvo tan presente en mis vidas pasadas como lo ha estado en ésta. Siempre me he sentido un poco madre de mis amigas, de mis alumnas, de mis compañeras, de las amigas de mis hijas, de mis sobrinas, de mis clientas (me carga ese nombre), mejor diré de las mujeres con las que he compartido en mi vida profesional y de mis amadas hijas Victoria y Amanda. Es fuerte el sentimiento que nace de la maternidad; arma, desarma, construye, reconstruye, dosifica, lo entrega todo, es pausado y en ocasiones tan visceral. Pasé muchos años de mi vida haciéndome creer que bastaba con disfrutar los hijos de la vida, esos niños y niñas vulnerables que he tenido el privilegio de conocer y abrazar; hasta que descubrí que mi amor de madre era tan grande que alcanzaba para todos; los hijos míos y los hijos ajenos, los míos y todos y todas los niños del mundo. Los niños son un tesoro, el mayor tesoro que puede existir. Las emociones son compañeras necesarias, transmitirlas mucho más que una necesidad personal. Sé que algunos se detendrán y leerán estas líneas. Me basta con eso. Me bastará con sentir que me derramé un poco entre ustedes antes de salir nuevamente a la calle a cumplir con mis deberes.
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