Soy la palabra que sorprendida a solas quiso por fin escribirse
lunes, julio 13, 2015
El 19 de junio fui trasladada desde la clínica de la mujer al Hospital Regional. Desde el 18 que no puedo ver a mi hija Amanda de 5 años de edad. Todos las lágrimas que he derramado desde mi estadía han sido por no poder verla, abrazarla, mirarla a los ojos y decirle cuanto la amo. Hablo con ella al menos dos veces al día, pero no es lo mismo. Nuestra relación esta basada en los afectos y el contacto piel a piel. He pedido muchas veces se me permita verla pero es una normativa que no se puede transgredir. Hoy otra madre de la sala se pasó por alto las normas y paso toda la seguridad del hospital y logró reunirse con sus hijos en el hall. Eso aumentó mi pena y mis ansias por verla. Me pare de la cama y fui a hablar con medio mundo, apelando al tiempo que llevo aquí sin ver a mi hija. Después de un rato vinieron a decirme que podré verla un ratito en el hall del cuarto piso, pero que es una excepción y por única vez. Así que aquí estoy con el corazón apretado esperando poder abrazar y besar a mi pequeñita.
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