Soy la palabra que sorprendida a solas quiso por fin escribirse
lunes, julio 13, 2015
Hoy quiero hablar de Emilio, mi pequeño Emilio. (Extracto). En el mes de diciembre mi familia y yo partimos a Cuba a reunirnos con mi hija mayor que estudia en ese bello país hace 5 años. Yo me encontraba embarazada pero no lo sabía (lo supe en enero cuando regresemos a chile). Estando en Cuba y en nuestro afán de conocer al máximo subí cerros, caminé muchísimo. Cargué a mi Amanda dormida, acarree bolsos y maletas; en definitiva hice un esfuerzo físico enorme estando con un embarazo de riesgo sin saberlo. Cuando llegamos a Chile nada hacía sospechar del embarazo así que esperé unos días y a mediados de enero me hice un test de embarazo que resultó positivo. Después del shock inicial (impacto, embarazada con 44 años, terror) acudí a una ginecóloga. Al examinarme y realizar la primera ecografia dijo: el embrión se alojó en la cicatriz de tu última cesárea. Esto es un embarazo de riesgo. Tu vida corre peligro pero tu bebe está muy bien. Tiene buen peso y sus latidos cardiacos están perfecto e insistió. Como tu bebe esta bien y tu corres peligro hay que presentar tu caso a una junta ética para que apruebe la interrupción del embarazo, pero antes debes realizarte una ecografia, que es el examen que puede dar cuenta de esta situación. Vete a tu casa y vuelve a las 14:00. La sombra y el dolor de mi última pérdida gestacional se apoderaron de mi y lloré mucho. Me fui a casa de mis padres y luego volví a hacerme la ecografia. La ecografia dijo que era un embarazo de riesgo pero que no había riesgo vital. Aún así la ginecóloga insistía. Puedes interrumpir el embarazo. Regresé nuevamente a casa de mis padres. Llamé a mi hermano y a Pedro y los reuní a todos. Les conté lo que ocurría. Cada uno opinó desde el corazón y mi argumento fue: mi hijo quiere vivir!!!!!!. Emilio me estaba diciendo de muchas formas que quería vivir. Llamé a la doctora y le dije: no voy a interrumpir el embarazo. Perfecto, me respondió te felicito. Luego llegó de vacaciones mi ginecólogo y no la volví a ver más. Mi embarazo transcurrió con normalidad. Decidí bajar un poco el ritmo del trabajo pero seguí trabajando porque mi embarazo se desarrollaba sin complicaciones. La placenta era baja pero no previa y eso no era un obstáculo para seguir con la vida en forma normal. Hasta que la semana 29 se presentó un dolor abdominal agudo que anunció que algo había ocurrido en mi placenta. Las vueltas de la vida en urgencia me vuelvo a encontrar con la ginecóloga que me vio la primera vez y se confirma el diagnóstico que ella dio al comienzo del embarazo. Me explica que Emilio esta muy bien. Su peso es incluso mayor a su edad gestacional y todos los exámenes hablan de un niño sano y fuerte. Me explica que deberé permanecer hospitalizada hasta que Emilio nazca y somos trasladados al hospital regional. Llevamos 3 semanas acá y Emilio sigue creciendo y me sigue demostrando su deseo por vivir. Emilio se aferró a la vida desde el día 1. Emilio vino a enseñarme tantas cosas que yo creo que aún ni siquiera soy capaz de dimensionar. Emilio ha hecho de mi una mujer distinta. El día que Emilio nazca también naceré yo.
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