lunes, julio 13, 2015

Noche de sábado en una sala de maternidad cualquiera: desde hace dos días ha llegado una mujer gestante de 43 años, chispeante. Buena para la talla, conversadora y divertida. En su cama a esta hora hay sentadas 2 mujeres (una de ellas viene de visita desde la sala del lado). Se ríen y hablan de bonos y esas cosas. En otra cama una mamá gestante de 22 años navega por internet desde su notebook. A su lado otra escucha música y canta como si estuviese en la ducha de su casa, en la cama del frente una mujer gestante acaba de llegar, viene con los ojos llorosos, espera su primer hijo y esta con contracciones cada media hora, con 2 de dilatación. La experiencia dice que la tendremos toda la noche en la sala. A su lado otra madre gestante mira el techo y es que con 41 semanas de gestación y sin dilatación aún se pregunta cuando por fin tendrá a su hijo en sus brazos. Mi vecina de cama a esta hora embetuna su vientre con crema para prevenir las estrías y yo....yo las observo y vuelvo a agradecerle a la vida por darme la oportunidad de reencontrarme con mi género al desnudo. Desde este rinconcito hospitalario en que todas esperamos la llegada de nuestros pequeños hombrecitos. Si, todas esperamos la llegada de un varón: Sebastián, Agustín, Rodrigo, Eduardo y Emilio. Yo acabo de terminar de leer mi tercer libro: Fuego soy, apartado y espada puesta lejos de mi poeta favorita, la gran Gioconda Belli.

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