
Cuando los pensamientos irrumpen como cascadas en medio de la noche no hay forma de detenerlos y ahí quedamos, como una lámpara prendida en la conciencia misma. A ratos intentamos usar el viejo truco de contar ovejas, pero nada resulta. Vuelven presurosas las inoportunas cavilaciones.
En medio de la nada se decide dialogar con aquellas confesiones que alteran nuestros sueños, intentado comprender porque prefieren la noche y no el día para dar rienda suelta a ese monólogo berborreico del que es objeto el pensamiento.
Se suele descubrir que han elegido la noche dado que durante el día no le prestamos atención a la conciencia y actuamos y dirigimos nuestros pasos sin escuchar muchas veces los sabios consejos del “pepe grillo” al que damos manotazos e intentamos pisar mientras caminamos a riesgo de acabar con su inagotable vida.
Ya no sé si es mi amigo este entrometido.
En medio de la nada se decide dialogar con aquellas confesiones que alteran nuestros sueños, intentado comprender porque prefieren la noche y no el día para dar rienda suelta a ese monólogo berborreico del que es objeto el pensamiento.
Se suele descubrir que han elegido la noche dado que durante el día no le prestamos atención a la conciencia y actuamos y dirigimos nuestros pasos sin escuchar muchas veces los sabios consejos del “pepe grillo” al que damos manotazos e intentamos pisar mientras caminamos a riesgo de acabar con su inagotable vida.
Ya no sé si es mi amigo este entrometido.