
Transformar en flores los surcos.
Escarbar en los profundos subterráneos de la huída.
Seguir la huella dejada por el forastero de manera de comprender los confusos significados de la perenne lluvia que brota de unas pupilas rebeldes que no entienden razones, que no conocen más que el lenguaje de los afectos y que sucumben al saberse confinadas al destierro de una memoria sin olvido.
Anita
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