lunes, septiembre 11, 2006

Cuando el peor verdugo es uno mismo


Ahuyentar el aullido tropiezo de la culpa.
Resistir los discursos incendiarios desafiando sus insultos.

Socavar en la real existencia del equívoco, descifrando errores que con el pasar de las horas se transforman en horrores que amenazan con constructos y certezas devaluados y condenados a la extinción.

Comprender que los cimientos inquebrantables pueden volverse frágiles e impermeables y que su consistencia depende de la capacidad de regresar a la cuna, mirar desde la inmensidad de quien descubre el mundo por primera vez haciendo del silencio un escudo y del llanto un asilo.

Desprenderse de las ropas que nos ocultan bajo el sutil disfraz de la cordura.

Hacer del espejo un refugio, recrudecer la mirada expulsando la tolerante contemplación de quien se reconoce en un espejo.

Luchar todos los días para no convertirnos en nuestro peor verdugo.

Anita

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