domingo, septiembre 10, 2006

Mis pies y la Prisa


Hay un mundo que separa mis pies de la prisa, en ocasiones la prisa los aprisiona, los hace suyos, los encarcela. Cuando la prisa se descuida, entonces mis pies sueltan las amarras y salen a caminar así desnudos. Sin prisa si que se palpan las grietas del camino, se saborean los paisajes y se oxigenan los pasos.

Sin prisa se puede soñar caminando descalza por la arena, se puede sentir como las olas juguetean con nuestros pies invitándonos a reír y trayendo recuerdos de infancia y de adultez que se entrecruzan amistosamente entre sí.

Sin prisa puedo caminar por un bosque, hundirme en el pasto y sobrecogerme ante una puesta de sol. Sentarme en una plaza a mirar como una mujer le da migas de pan a una paloma, como un niño disfruta de un helado, o simplemente sentarme a conversar de cualquier cosa con la persona que se siente a mi lado.

Pero si corro, si corro todo el día me pierdo de soñar, me pierdo de sentir que efectivamente camino, que en verdad mis pasos cobran sentido. Si corro mis pies están condenados a vivir encarcelados en un par de zapatos fríos, húmedos y ajenos.

Anita

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