lunes, septiembre 11, 2006

¿Y después de descamarse que?

Al despertar aquella mañana no hizo más que abrir los ojos y supo de inmediato que algo le había pasado a su cuerpo. Las profundas heridas y llagas que había curado con tanto esmero la noche anterior, habían desaparecido para dar paso a otro proceso de sanación; y es que ahora era su piel, la que se descamaba vertiginosamente.
De nuevo el miedo irrumpió sus pensamientos, tantos cambios la hacían desconocer con exactitud quien era y en que se convertiría una vez que dejaran de ocurrirle todas estas transformaciones en el cuerpo. Ella sabía desde hace mucho que experimentaba una metamorfosis, pero lo que no sabía era que esta se vería alterada por sucesos que no tenían que ver con ella precisamente, sino con un mundo gris y oscuro que daban forma a sus pesadillas.

Mirarse al espejo y no reconocer allí atisbo de cercanía era un ruido ensordecedor, encontrarse heridas distintas cada día y pedazos de piel en las sábanas era algo a lo que debía hacerle frente cada amanecer.
Pensaba qué pasaría si de pronto al salir a la calle no fuese reconocida. Tantas veces que soñó con poseer la capa de la invisibilidad para no ser vista y hoy la posibilidad de que ya no la necesitara era inminente. Difícilmente los que la conocían verían en ella la persona que la habitaba.
Cómo saber si había muerto en ella también la capacidad de soñar, cómo saber si esta nueva mujer había dejado abandonada para siempre a esa niña que la habitaba o si definitivamente había muerto en aquel violento accidente de tránsito para no regresar jamás.

Anita


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