
Suspendida en la corteza de un áspero contraste, ausente de marejadas que destellen aromas, susurro de una espectadora que ha elegido la prisa.
Hoy se reencuentra con aquella moribunda que le seguía los pasos; una friolenta que temía a los silencios y a la lluvia; una mujer consumida por las ausencias y la espera.
La mira desde la templanza de una pausa, recuerda que en algún sitio la dejó a su suerte.
Decide regresar para brindarle auxilio, la encuentra: se miran, se abrazan, se tocan.
Las palabras esta vez sobran.
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