
Útero fértil que no desea ser fecundado, lágrimas incandescentes brotan desde sus muslos, un secreto atrapado en la oscuridad del silencio. Un pequeño que no nacerá clama por ser escuchado.
Increpa, susurra, pregunta, cuestiona; nos hacemos los sordos para no escuchar aquel llanto que quiere traspasar la breve línea que separa la existencia de la ficción.
Fragilidad sin nombre, supuesto, proyecto, fantasía, ilusión.
Una canción de cuna que no será entonada porque lo que nace no es un niño sino las ansias del propio germen que se anida para brotar con la fuerza inusitada que le darán las alas cuando el viaje hacia el exterior haya culminado.
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