Vivir conectada con las emociones, es un camino que no sé si elegí o me eligió a mí. Lo cierto es que hoy, me hice un regalo. Cerré los ojos y me conecté con esa sensación maravillosa de estar a días del encuentro con mi hija Amanda. Lo que sentí fue tan hermoso. Recordé sus movimientos en mi vientre, recordé el ritmo de las caricias y el dulzor de mis palabras. Recordé el tono de mi voz al contarle a lo que nos enfrentaríamos a su llegada a este mundo. Mientras recordaba, la emoción se apoderaba de mi y de mi cuerpo. Me estremecía al sentir tanta belleza en mi interior.
Soy madre hace 24 años y cada vez que se acerca el aniversario del nacimiento de alguna de mis hijas y el de la pérdida gestacional de mi tercer hijo/a hago este recorrido. El amor y el dolor son hermanos inseparables en este tránsito interno de mi Ser Madre.
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