jueves, marzo 05, 2015

A veces (sobre todo en la soledad de la noche) me parece estar viviendo un sueño. A ratos siento ganas de pellizcarme yo misma para asegurarme que no estoy navegando por las cálidas aguas de mi lluviosa imaginación. Pero luego descubro que es cierto, que la vida me ha regalado el mayor obsequio. El más valioso regalo. El que yo más anhelaba y me había conformado con no tener. Por miedo, por los riesgos, por la edad, etc. Pero aquí estoy, maravillada por esta bendición hermosa que significa gestar una nueva vida. El miedo? El miedo ya pasó, hoy sólo estoy disfrutando. Hoy vuelvo a adentrarme en los confines maravillosos de la maternidad consciente. Hoy me es más fácil conectarme con mi niña interior. Hoy sé que puedo traer al mundo un hombrecito nuevo. Un pequeño niño embalsamado de amor y bondad.
La vida me está dando una nueva oportunidad. Ser madre es la más maravillosa oportunidad que conozco de parir y parirse a si mismo. Todo se transforma, todo se remece, todo se vive...así intensamente, dulcemente, íntimamente y salvajemente.



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