viernes, junio 26, 2015

Hoy se cumple 1 semana desde que estamos hospitalizados. Si tuviera que resumir esta primera semana debo decir que lejos lo más difícil ha sido no ver a mi Amanda. Después, desapegarme de las responsabilidades laborales que debí dejar a medias y agradecer a las amigas solidarias que asumieron mis funciones con total empatía y cariño. Luego adaptarme a situaciones cotidianas como comidas, descanso a sobresalto, dolor de cabeza por la falta de aire (luego descubrí que teniendo la ventana un poco abierta era suficiente), etc. Y luego comencé a sentirme feliz con cosas que aquí se agradecen. No todo es malo, también hay cosas buenas y profesionales con vocación. Aunque aquí se da el dicho ese de "de lo bueno poco". Cuando me autorizaron a ducharme fui tan feliz y me reía sola al sentir el agua calentita y aunque les parezca una tontera extraño un espejo donde poder ver como ha crecido mi vientre en estos días y si ya apareció la línea aquella que sube del pubis al ombligo, y es que no logro verme !!!!. He aprendido a agradecer las comidas, recuerdo a Amanda, a la que le gusta agradecer los alimentos antes de comer. Yo como con toda la fe del universo en que cada vitamina, sales minerales, proteínas, fibra llegue a mi pequeño Emilio y lo ayude a crecer. He aprendido a reconocer en que momentos del día los latidos cardiacos de Emilio se hacen más intensos. Aún permanece podálico y a veces siento que va a darse vuelta pero sólo es una falsa alarma. El se acomoda y ahí se queda. Pareciera que quisiera que su cabezita esté más cerca de mi corazón.
Estamos bien y con la esperanza intacta. Ya que cuando los médicos ven mi diagnóstico y ponen los ojos blancos, yo ya no me asusto y soy capaz de trasladarme a Júpiter si es necesario para no pensar en sus pronósticos.

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