viernes, julio 03, 2015

Crónicas de hospital: Llega una nueva mujer-madre a mi sala. Nos separa una cama. Llega sonriente, nada hacia presagiar lo que le estaba ocurriendo. Después de algún rato acostada en su cama y entre dientes relata :Yo tengo un legrado perdí a mi guaguita. Me siento en la cama y le pregunto cuantas semanas tiene: 9 semanas me responde. Le cuento que yo también viví esa experiencia. Se interesa por que le comparta el procedimiento. Le comparto mi experiencia y luego ambas hablamos sobre lo que nadie habla en un hospital y es de la herida que sigue abierta y que debemos aprender a cerrar después de este procedimiento. Me cuenta que tiene una hijita de 5 años que estaba ilusionada con la llegada de un hermanito. Hablamos de como enfrentar esto con su hija cuando regrese a casa. Le conté que una vez al año en el mes de octubre muchas mujeres alrededor del mundo celebramos el día del niño que no pudo nacer y que nos reunimos y en un rito maravilloso recordamos a ese hijo que para muchos no existe ni existió pero que para nosotras es un hijo más que permanece vivo en nuestro ser madre. Uno que desde algún lugar nos observa. Le cuento que a mi me gusta llamarle mi pequeño niño de luz. Le digo que esté tranquila que todo se vive a su tiempo. Que hoy deberá ser fuerte y después habrá tiempo para llorar, sanar y crecer. Me dice que quiere saber si hizo algo mal. Esa culpa que siempre nos visita. Le digo que no piense eso. Saco a relucir las estadísticas. Esas que yo descubrí haciéndome la misma pregunta que hoy se hace ella. Muchas hemos sufrido pérdidas intrauterinas, es parte de la vida misma, pero no por eso es algo irrelevante en la vida de quien lo vive. Es parte de nuestras sombras, pero puede ser parte de nuestras luces si sabemos vivirlo.

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