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lunes, septiembre 11, 2006

Un despertador intruso e irreverente se atreve a interrumpir mi viaje

Me he sumergido en esas aguas muchas veces, he nadado sin prisa, navegado sin remos. He construido un mundo en los taciturnos oleajes del absurdo, haciéndome amiga de la caracola y cómplice de las sirenas.

Las algas me han tendido una trampa y he forjado una batalla sin tregua entre el abrazo cálido y la inusitada violencia de la posesión primaria, que han dejado heridas mis extremidades y cercenadas mis pupilas.

Una ola ha limpiado mis lágrimas y acariciado mi espalda. El mar me ha cobijado con su canto y me ha sostenido con la brisa.

La noche lejos de dejarme a oscuras ha iluminado mis pasos y me ha dejado desnuda con una suave manta de arena sobre la piel. He sostenido un diálogo con la marea danzando al ritmo de las olas y dejándome seducir por su lenguaje.

El día me sorprende a tientas. La noche y el sueño se despiden. Dejo de oler la brisa marina y sufro el despertar más temido: un despertador intruso e irreverente que se atreve a interrumpir mis viajes y me lleva de regreso a la verdadera oscuridad del día: La realidad.


Anita