
Intensificar las miradas, apaciguar frustraciones, socorrer la palabra, acoger la premura. Sostener ese abrazo, contener el sollozo, remover los escombros, suplantar la tristeza. Asistir al cansancio, provocar los sentidos, arrollar con palabras, conmover con la risa. Construir un castillo con mis frágiles manos, repartir la alegría en completo silencio y expatriar al tirano que se roba mi júbilo.
Invitar a la imperfección a dormir la siesta a mi lado, y pedirle que me conceda el privilegio de acompañarle, cosechar abrazos y devolver sonrisas. Transformarme en oído, recapitular sueños, acortar distancias y desterrar el olvido. Transportarme a la infancia y dejar allí construida para siempre una pieza de "alojados" donde refugiarse de ese odioso y represor mundo de "la adultez".
Finalmente, y en un arrebato de locura, mirarse a un espejo y dar señales de sensatez, la que no es más que la convicción de que el tiempo sólo hace crecer arrugas en la piel, pero no borra ni hace desaparecer a ese ser de esencia risueña que un día, hace algún tiempo nos habitó.
Invitar a la imperfección a dormir la siesta a mi lado, y pedirle que me conceda el privilegio de acompañarle, cosechar abrazos y devolver sonrisas. Transformarme en oído, recapitular sueños, acortar distancias y desterrar el olvido. Transportarme a la infancia y dejar allí construida para siempre una pieza de "alojados" donde refugiarse de ese odioso y represor mundo de "la adultez".
Finalmente, y en un arrebato de locura, mirarse a un espejo y dar señales de sensatez, la que no es más que la convicción de que el tiempo sólo hace crecer arrugas en la piel, pero no borra ni hace desaparecer a ese ser de esencia risueña que un día, hace algún tiempo nos habitó.
Anita
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