viernes, abril 04, 2014

Relatos cotidianos 2

Siguiendo con los relatos de infancias maltrechas. Esta mañana íbamos de camino al jardín. Nos subimos a la micro y encontramos un espacio vacío en el primer asiento. Ahí nos instalamos, y entre besos y regaloneos, observamos a una niña de uniforme escolar, de unos 7 años aproximadamente, que nos miraba sonriendo. A su lado iba una señora con un bebé en brazos, que supuse era su madre. Dos cuadras más allá, la niña hace parar la micro frente a su Escuela. Se veía alegre. Mira para atrás y se despide de su madre; la que ni siquiera se inmuta, luego amablemente le da las gracias al chofer y se baja. Mientras yo observaba esta escena, a mi lado Amanda hacía exactamente lo mismo, y me pregunta: ¿Mamá esa niña va sola al colegio?, se baja sola le respondí, pero su mamá iba en la micro. Esta vez me increpa: ¿y porqué su mamá no la acompaña hasta el colegio? no lo sé Amanda, respondo. Se queda pensando un rato y me dice. Yo no quiero ir nunca al colegio, me da susto. La abrazo y le digo....Amanda, nosotros con el papá nunca te dejaríamos ir sola a la Escuela a la edad de esa niña, ella era muy pequeña y su mamá debió haberla acompañado. (Claro, ella no percibió la ausencia de cariño, la indiferencia al despedirse de la niña...o quizá sí.....en realidad, es probable que sí). Disculpen si resulto majadera con esto de mis relatos cotidianos, pero saben que pasa, a mí me duele la infancia. Me duele porque sé que este mundo se construye en la medida en que somos capaces de amar incondicionalmente a nuestros niños y niñas. Escribir sana, es mi antídoto. Que tengan un bello día, y no olviden abrazar a sus hijos y a los que no lo son también !

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