A veces vienen a mí como avalancha,
Deslenguados, desprovisto de formas,
Quebradizos y sombríos,
Luminosos y etéreos.
A veces vienen a mí como aguacero,
y me niego a quedarme suspendida,
observando desde la ventana,
Salgo desnuda a dejarme mojar,
y pisoteo charcos y me río de mi misma,
y me contemplo sedienta de esa niñez tardía,
atemporal y anacrónica que alguna vez interrumpí.
Me gusta recorrer una y otra vez los pasos que anduve,
A veces me contemplo, a veces paso de largo,
a veces me apresuro para no escuchar sus ecos,
maltrechos, sudorosos, inquisidores y ofensivos.
Cuando llego a la niña mujer gestante que fui,
Las pausas son eternas.
Cuesta disociar.
Me descubro desde siempre,
Hija – madre, Mujer – madre
La gestación, la crianza, los sueños irresueltos,
La negación a una segunda maternidad tan prolongada,
El nacimiento de la maternidad consciente, pero tardía.
La pérdida…..
La aceptación de dejar descansar mi útero,
Y dejarlo envejecer sin sombras, pero consciente.



















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