Soy la palabra que sorprendida a solas quiso por fin escribirse
domingo, abril 26, 2015
Mi Amanda está en la era de pintarnos a su papá, su hermana mayor, su hermano pequeño, ella y yo rodeados de flores y mariposas llenas de colores; me saca de la cama porque quiere que nos instalemos a pintar. Bueno, ella pinta y a mi me tiene de opinóloga respecto a los colores que utiliza. Hace pausas imaginando que debe hacer tareas, escribe su nombre y realiza figuras geométricas que luego pinta. Al lado de cada figura geométrica intenta dibujar a lo que asemejan. Amanda está ávida de aprender, ella sueña con ir al colegio!!!! (y yo me voy resignando a la idea de que vaya). Mientras ella pinta un mundo de colores, yo disfruto escuchando sus diálogos. De fondo escuchamos música de Estimulación Prenatal que nos regala la página del Chile Crece Contigo. La maternidad es un viaje que nos lleva hacia las profundidades más maravillosas de nuestro ser. AMO SER MAMA !!!!!
Debo decir con orgullo que Amanda ya no extraña los programas huecos del Disney Chanel y ha vuelto a escuchar feliz las canciones de mazapán. Ha descubierto nuevas formas de entretención alejada del mundo de la televisión !!!! Se los cuento porque la tv estaba amenazando con robarnos la creatividad de nuestra pequeña y la rescatamos !!!!!!!
Esta mañana sufrí un pequeño desgarro en la espalda. Apenas me podía mover. Me tiré en la cama, abrí las cortinas y deje que el padre sol me acariciara. Me quedé profundamente dormida y al despertar el dolor había desaparecido. Imposible no recordar los baños de sol que me daban recién nacida sobre el comedor de la casa de mis padres para superar mi extrema prematurez e imposible no soñar con los baños de sol que le daremos a nuestro pequeño. El sol siempre ha sido un buen compañero en mi vida y hoy le honro !!!!
miércoles, abril 22, 2015
A veces me gustaría saber si tuve otras vidas, si la maternidad estuvo tan presente en mis vidas pasadas como lo ha estado en ésta. Siempre me he sentido un poco madre de mis amigas, de mis alumnas, de mis compañeras, de las amigas de mis hijas, de mis sobrinas, de mis clientas (me carga ese nombre), mejor diré de las mujeres con las que he compartido en mi vida profesional y de mis amadas hijas Victoria y Amanda. Es fuerte el sentimiento que nace de la maternidad; arma, desarma, construye, reconstruye, dosifica, lo entrega todo, es pausado y en ocasiones tan visceral. Pasé muchos años de mi vida haciéndome creer que bastaba con disfrutar los hijos de la vida, esos niños y niñas vulnerables que he tenido el privilegio de conocer y abrazar; hasta que descubrí que mi amor de madre era tan grande que alcanzaba para todos; los hijos míos y los hijos ajenos, los míos y todos y todas los niños del mundo. Los niños son un tesoro, el mayor tesoro que puede existir. Las emociones son compañeras necesarias, transmitirlas mucho más que una necesidad personal. Sé que algunos se detendrán y leerán estas líneas. Me basta con eso. Me bastará con sentir que me derramé un poco entre ustedes antes de salir nuevamente a la calle a cumplir con mis deberes.
Disfruto lo que la vida hoy me obsequia, este pequeño que hoy se comunica a través de suaves movimientos en mi vientre, que se muestra juguetón antes de que cierre los ojos para dormir, que me ilumina cada día los pasos, que me hace olvidarme de los años transcurridos y me rejuvenece el alma. Esta tarde a la salida del trabajo recorrí las calles de la ciudad sintiéndome tan bendecida, tan bella, tan vigorosa y recordé la historia de mi útero florecido y las hermosas hijas que me eligieron como madre. Sentí deseos de tenerlas cerca, como aquella imagen que puse hoy en mi perfil. Es inevitable extrañar la tibieza de nuestros abrazos y la profundidad de nuestro amor. Pronto el nido estará completo y mi dicha no tendrá fin !
Hoy he parado un poco, y he decidido disfrutar abriendo la ventana de mi pieza y escuchando el cantar de los pajaritos. Amanda no fue al jardín y la he escuchado cantar toda la mañana. Mi pequeño parece disfrutar también ya que se ha movido mucho esta mañana. Yo interpreto eso como una señal de que le ha gustado sentirme en calma y escuchar a su hermana disfrutar de cada rincón de la casa y lejos de la televisión (un deseo íntimo que teníamos). No puedo negarlo, quiero que llegue pronto mi descanso pre natal (laboral)
Ya instalados en nuestra nueva casa. Atrás dejamos la era del departamento. Subir cada día tres pisos (varias veces al día), y sólo ver edificios al abrir las ventanas. Nuestra vecina (una señora de unos 80 años) nos despidió con emoción. Se sentía acompañada al sabernos al frente. Nos queda el rito de despedida, Amanda siente que una parte de su vida se queda ahí y así es. Así que volveremos a dar gracias por el tiempo que ese espacio fue nuestro hogar, que nos protegió del frío, de la lluvia. Que nos permitió disfrutar de la vida familiar y que nos protegió del terremoto. Para que una casa se transforme en hogar se necesita tiempo, y vamos con toda la esperanza y la alegría para transformar nuestra nueva casa en un espacio amoroso y acogedor para nosotros y quien nos visite. Dos manzanos nos brindan sombra en el patio trasero y un cúmulo de sueños convertidos en risas infantiles me abrazan el alma.
“Se necesita una tribu para educar a un niño”
Autor | Karla Lara
Cuando hablo de crianza me refiero al sostén… a todas las cosas que pueden integrarse a la vida de un niño.
Esta frase es un proverbio africano que no deja de ser vigente y atinado. Lo traigo a la atención de todos porque la realidad es que a veces la maternidad y la paternidad pueden resultar en cierto grado solitarias, aislantes, cansadas y no siempre fáciles. No me refiero solo al contexto complejo de la responsabilidad física y emocional que significa cuidar de un bebé o de un niño (o de varios), me refiero a la amplitud que representa en el tiempo, en el espacio, en la mente y en el corazón de quienes tenemos esa responsabilidad. Criar a un bebé o a más requiere de mucho en muchos sentidos, es una tarea infinita, que no tiene un tiempo determinado para cumplirse. Cuando una se convierte en madre, la transformación es para toda la vida (llegue o no ese hijo a nuestros brazos), sea nuestro hijo carnal o no. Lo mismo le sucede a papá. La médula ósea de esa maternidad y de esa paternidad reside en la crianza.
Personalmente soy de la idea (comprobada en mi propia experiencia) de que ser mamá no es un capítulo color de rosa en el cual todo es armonioso y sencillo, al contrario, al menos para mí ha representado hacer ajustes, malabares y actos de equilibrio físico, mental y emocional en diferentes momentos, sin embargo; he tenido la fortuna de elegir y aceptar hacer esos ajustes con toda voluntad. He aprendido muchas cosas en el camino y estoy cierta de que este viaje de aprendizaje será tan largo como la crianza que tengo a cargo hasta ahora de tres hijos. Escribir para mamás y para papás no es sencillo, porque no siempre se tiene el consejo, la recomendación, los pasos a seguir o la fórmula mágica para que todo fluya. Creo en cambio, que tratándose de crianza, lo que mas aporta es la experiencia, la que cada uno tengamos para ofrecer, porque cada bebé que llega a nuestra vida y que nos rodea es único y distinto de otro y todos, sí, todos aquellos que seamos más adultos que ese niño, tenemos responsabilidad y ojalá también, algo amoroso que aportar en su crianza.
Cuando hablo de crianza me refiero a la contención, a la formación, a la educación, a la guía, a la protección, a la defensa, a la orientación, al sostén… a todas las cosas que pueden integrarse a la vida de un niño y que nos corresponde dar y hacer o no hacer a los adultos. “Se necesita una tribu para educar a un niño”…, ¡Hace tanto sentido!, un niño es un lienzo en blanco, un ser inocente y abierto a toda experiencia y aprendizaje por venir, un ser amoral pero lleno de emociones y sentimientos. Cada niño es un pequeño pero infinito contenedor para llenar de conocimiento, de enseñanzas, que además tiene mucho que dar.
¿Y quiénes integran nuestra tribu en estos tiempos? por principio natural nuestra familia más cercana, pero no siempre está disponible por distancias o por otras circunstancias, entonces está nuestra familia extendida, nuestros amigos, vecinos, maestros, personas conocidas de nuestra comunidad, otras madres y otros padres que están atravesando o que han atravesado el mismo viaje que nosotros y las personas que se interesen en nosotros y en nuestros hijos de manera genuina y respetuosa aún cuando no tengan hijos propios. En una tribu de manera tradicional existen roles asignados a cada persona según su género, sus habilidades, su experiencia, si eso lo trasladamos a nuestros tiempos, la tribu funciona con grados distintos de especialidad, pero todos tienen algo que aportar.
Criar en tribu es sumar, es aportar de manera efectiva, no queremos rodearnos de personas que nos critiquen o nos juzguen, queremos estar cerca de quienes nos apoyen y a quienes también podamos soportar cuando lo necesiten. Criar en tribu es no emitir juicios; es aceptar lo que es, lo que hay y dar en ese contexto. En una tribu todos tenemos algo que enseñar y algo que aprender. Si nuestros bebés y nuestros niños están contenidos de esa manera tendrán mucho mejores oportunidades y opciones para nutrirse: física, intelectual, espiritual y emocionalmente. Tratar de vivir en tribu nos enseña la solidaridad de manera natural, la cooperación en comunidad.
Contar con una tribu aliada nos ofrece una red de apoyo para que conciliar nuestras múltiples responsabilidades sea un poco mas sencillo y para sentirnos acompañados en el trayecto, para compartir las alegrías, para repartir las preocupaciones y las penas y para resolver de mejor manera el día a día. Tener una tribu nos hace humildes, agradecidos, porque se aprende a pedir, a ofrecer y sobre todo a agradecer la ayuda y el apoyo.
Si tenemos una tribu estamos de gane, si no la tenemos podemos integrarla, construirla, agregar a otros que no la tienen y ayudarnos entre todos, para que ninguno a casi ninguno tenga que hacer estos malabares que se piensan imposibles, para que los mas puedan participar en la comunidad alrededor de nuestros hijos, porque entonces todos harán un poco para que esa soñada armonía se instale un poco más cada vez y sean menos las decisiones que nos hagan renunciar a ciertas cosas porque no se puede tenerlo todo, así, en comunidad, en tribu, las elecciones pueden ser menos radicales, pueden convertirse en posibilidades respaldadas por el compromiso de saber dar y de aprender a recibir. Criar en tribu nos ayuda a deshacernos del ego, dejamos de centrarnos en lo que nos pasa a nosotros y reconocemos lo que vivimos varios y con esa empatía logramos mas. Unas veces nos tocará apoyar, otras seremos nosotros los apoyados y así todos ganamos.
Decir tribu puede interpretarse como una multitud, pero no tienen que ser un ejército de personas, una red básica y cercana, que sea de confianza será suficiente. Lo que le funciona a uno puede que no le funcione a otro pero se trata de compartir, algo habrá que podamos integrar a nuestra crianza y algo habrá que podamos darle a otros, así generaremos un sentimiento de utilidad, será poco probable quedar rebasados por nuestra responsabilidad porque existirá la posibilidad de ser sociales al maternar, al criar, recordar que somos capaces de vivir en manada y que hasta lo necesitamos, ello hará mas natural, libre e intuitiva nuestras decisiones al criar, porque no estar solos nos hace sentirnos seguros y así no será caótico encontrar tiempos para cargar, arrullar, besar, jugar, educar, alimentar, cambiar, guiar, formar, dar teta… etc., habrá algunas cosas que otros les den a nuestros hijos y eso siempre suma, los niños serán considerados realmente “nuestros”, los niños de todos que representan los próximos adultos y el ideal es que crezcan nutridos y seguros, lo cual definitivamente facilitará nuestra tribu.
Los niños son agradecidos por naturaleza, suelen disfrutar casi todo lo que les de bienestar y tener una red de amor a su alrededor potenciará sus opciones y los protegerá algunas veces (cuando sea posible) del ritmo imparable en el que a veces vivimos, los niños necesitan crecer a su propio ritmo y la tribu permite que esa posibilidad exista.
Autor | Karla Lara
Cuando hablo de crianza me refiero al sostén… a todas las cosas que pueden integrarse a la vida de un niño.
Esta frase es un proverbio africano que no deja de ser vigente y atinado. Lo traigo a la atención de todos porque la realidad es que a veces la maternidad y la paternidad pueden resultar en cierto grado solitarias, aislantes, cansadas y no siempre fáciles. No me refiero solo al contexto complejo de la responsabilidad física y emocional que significa cuidar de un bebé o de un niño (o de varios), me refiero a la amplitud que representa en el tiempo, en el espacio, en la mente y en el corazón de quienes tenemos esa responsabilidad. Criar a un bebé o a más requiere de mucho en muchos sentidos, es una tarea infinita, que no tiene un tiempo determinado para cumplirse. Cuando una se convierte en madre, la transformación es para toda la vida (llegue o no ese hijo a nuestros brazos), sea nuestro hijo carnal o no. Lo mismo le sucede a papá. La médula ósea de esa maternidad y de esa paternidad reside en la crianza.
Personalmente soy de la idea (comprobada en mi propia experiencia) de que ser mamá no es un capítulo color de rosa en el cual todo es armonioso y sencillo, al contrario, al menos para mí ha representado hacer ajustes, malabares y actos de equilibrio físico, mental y emocional en diferentes momentos, sin embargo; he tenido la fortuna de elegir y aceptar hacer esos ajustes con toda voluntad. He aprendido muchas cosas en el camino y estoy cierta de que este viaje de aprendizaje será tan largo como la crianza que tengo a cargo hasta ahora de tres hijos. Escribir para mamás y para papás no es sencillo, porque no siempre se tiene el consejo, la recomendación, los pasos a seguir o la fórmula mágica para que todo fluya. Creo en cambio, que tratándose de crianza, lo que mas aporta es la experiencia, la que cada uno tengamos para ofrecer, porque cada bebé que llega a nuestra vida y que nos rodea es único y distinto de otro y todos, sí, todos aquellos que seamos más adultos que ese niño, tenemos responsabilidad y ojalá también, algo amoroso que aportar en su crianza.
Cuando hablo de crianza me refiero a la contención, a la formación, a la educación, a la guía, a la protección, a la defensa, a la orientación, al sostén… a todas las cosas que pueden integrarse a la vida de un niño y que nos corresponde dar y hacer o no hacer a los adultos. “Se necesita una tribu para educar a un niño”…, ¡Hace tanto sentido!, un niño es un lienzo en blanco, un ser inocente y abierto a toda experiencia y aprendizaje por venir, un ser amoral pero lleno de emociones y sentimientos. Cada niño es un pequeño pero infinito contenedor para llenar de conocimiento, de enseñanzas, que además tiene mucho que dar.
¿Y quiénes integran nuestra tribu en estos tiempos? por principio natural nuestra familia más cercana, pero no siempre está disponible por distancias o por otras circunstancias, entonces está nuestra familia extendida, nuestros amigos, vecinos, maestros, personas conocidas de nuestra comunidad, otras madres y otros padres que están atravesando o que han atravesado el mismo viaje que nosotros y las personas que se interesen en nosotros y en nuestros hijos de manera genuina y respetuosa aún cuando no tengan hijos propios. En una tribu de manera tradicional existen roles asignados a cada persona según su género, sus habilidades, su experiencia, si eso lo trasladamos a nuestros tiempos, la tribu funciona con grados distintos de especialidad, pero todos tienen algo que aportar.
Criar en tribu es sumar, es aportar de manera efectiva, no queremos rodearnos de personas que nos critiquen o nos juzguen, queremos estar cerca de quienes nos apoyen y a quienes también podamos soportar cuando lo necesiten. Criar en tribu es no emitir juicios; es aceptar lo que es, lo que hay y dar en ese contexto. En una tribu todos tenemos algo que enseñar y algo que aprender. Si nuestros bebés y nuestros niños están contenidos de esa manera tendrán mucho mejores oportunidades y opciones para nutrirse: física, intelectual, espiritual y emocionalmente. Tratar de vivir en tribu nos enseña la solidaridad de manera natural, la cooperación en comunidad.
Contar con una tribu aliada nos ofrece una red de apoyo para que conciliar nuestras múltiples responsabilidades sea un poco mas sencillo y para sentirnos acompañados en el trayecto, para compartir las alegrías, para repartir las preocupaciones y las penas y para resolver de mejor manera el día a día. Tener una tribu nos hace humildes, agradecidos, porque se aprende a pedir, a ofrecer y sobre todo a agradecer la ayuda y el apoyo.
Si tenemos una tribu estamos de gane, si no la tenemos podemos integrarla, construirla, agregar a otros que no la tienen y ayudarnos entre todos, para que ninguno a casi ninguno tenga que hacer estos malabares que se piensan imposibles, para que los mas puedan participar en la comunidad alrededor de nuestros hijos, porque entonces todos harán un poco para que esa soñada armonía se instale un poco más cada vez y sean menos las decisiones que nos hagan renunciar a ciertas cosas porque no se puede tenerlo todo, así, en comunidad, en tribu, las elecciones pueden ser menos radicales, pueden convertirse en posibilidades respaldadas por el compromiso de saber dar y de aprender a recibir. Criar en tribu nos ayuda a deshacernos del ego, dejamos de centrarnos en lo que nos pasa a nosotros y reconocemos lo que vivimos varios y con esa empatía logramos mas. Unas veces nos tocará apoyar, otras seremos nosotros los apoyados y así todos ganamos.
Decir tribu puede interpretarse como una multitud, pero no tienen que ser un ejército de personas, una red básica y cercana, que sea de confianza será suficiente. Lo que le funciona a uno puede que no le funcione a otro pero se trata de compartir, algo habrá que podamos integrar a nuestra crianza y algo habrá que podamos darle a otros, así generaremos un sentimiento de utilidad, será poco probable quedar rebasados por nuestra responsabilidad porque existirá la posibilidad de ser sociales al maternar, al criar, recordar que somos capaces de vivir en manada y que hasta lo necesitamos, ello hará mas natural, libre e intuitiva nuestras decisiones al criar, porque no estar solos nos hace sentirnos seguros y así no será caótico encontrar tiempos para cargar, arrullar, besar, jugar, educar, alimentar, cambiar, guiar, formar, dar teta… etc., habrá algunas cosas que otros les den a nuestros hijos y eso siempre suma, los niños serán considerados realmente “nuestros”, los niños de todos que representan los próximos adultos y el ideal es que crezcan nutridos y seguros, lo cual definitivamente facilitará nuestra tribu.
Los niños son agradecidos por naturaleza, suelen disfrutar casi todo lo que les de bienestar y tener una red de amor a su alrededor potenciará sus opciones y los protegerá algunas veces (cuando sea posible) del ritmo imparable en el que a veces vivimos, los niños necesitan crecer a su propio ritmo y la tribu permite que esa posibilidad exista.
Cambiarse de casa es un ejercicio que no sólo involucra mover cosas, sino también remover aquellas cosas que uno simplemente no quiere mudar. Hace algunos años había tomado la decisión de no volver a vivir en una casa, y hacerlo sólo en un departamento, buscando mayor seguridad. Pero las confianzas se van recuperando y los miedos se van superando. El nacimiento y la gestación de mis dos últimos hijos me hace sentir este cambio de casa como una nueva oportunidad. Los meses que se avecinan vienen cargados de nido, mucho nido y anhelo anidar en otro espacio y en otro tiempo. Vienen vientos de cambio y fiel a mi empeño por dejarme despeinar, me dejaré llevar y que la maternidad y el puerperio terminen de moldearme
lunes, abril 13, 2015
Hasta siempre Galeano !
Ha muerto Eduardo Galeano y no puedo sino sentirme un poco huérfana. No
han sido muchos los referentes literarios que me han marcado, pero los
suficientes para dejar huellas imborrables en mi forma de ver y actuar
en la vida. Eduardo Galeano era uno de ellos. Me hice eco de tus
escritos, me reconocí una portadora de sueños, me reconocí en las venas
de América Latina. Supe que mi lugar estaba con "los nadie" y sentí e
hice mía en cada minuto de la vida esa frase tan tuya que decía que
mucha gente pequeña, en lugares pequeños podía cambiar el mundo. Me
reconocí en aquella mujer sencilla que cuidaba sus hijos, aquella mujer
que miraba con orgullo la sabiduría de sus ancestros. Seguirás en mis
luchas cotidianas, porque tus escritos viven en mi querido Eduardo
Galeano !!!
domingo, abril 12, 2015
20 semanas
20 Semanas de gestación y la dulce espera de nuestro pequeño milagro de vida. El mismo útero almacenando sueños y un amor indescriptible.
Fotografia: Miguel Baeza
sábado, abril 11, 2015
Tetarte en Conce !!!!!
Tetarte en nuestra ciudad. Mañana mágica, llena de emoción. Esa
convicción maravillosa de saber que la crianza con apego puede cambiar
el mundo. Viva la lactancia y las madres que gestan y crían con el corazón
20 semanas
Hemos llegado a la semana 20 de gestación ! Nuestro pequeño puede oírnos
a partir de las 20 semanas de embarazo. El líquido amniótico que lo
rodea distorsiona los sonidos (como cuando estamos debajo del agua),
pero aún así ya puede escuchar. Puede reconocer una música, el latir de
su corazón o mi respiración. Además, percibe la luz, se mueve, traga,
orina, quizás comienza a tener memoria, etc. Los pulmones y el tubo
digestivo están madurando. Su cerebro cuenta con 30.000 millones de
neuronas y está desarrollando especialmente áreas destinadas a los
sentidos del gusto, el olfato, la audición, la visión y el tacto. Tiene
cejas delgadas y pelo en la cabeza. La forma y las proporciones
generales son completamente humanas.
Danza creativa
Ya ! con mil cosas hoy, pero la más importante: Amanda matriculada en
Danza Creativa como era su sueño.....no hay como ver felices a los hij@s
!!!! Te amo mi pequeña !!!!
Cambio de casa
Se viene el cambio de casa......ahhhhhhhhhhhhhh ! como que no sé por
donde empezar !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! quisiera tener una varita
mágica y pum ! listo !
Disfrutando los últimos rayos de sol de este tibio otoño con aires de primavera
Me
siento tan feliz de verte crecer libre y feliz mi pequeña niña.
Mientras tu recoges flores amarillas para luego dármelas yo disfruto de
tu ternura y tu niñez y me emociono pensando que pronto nos escaparemos
con tu hermanito después de nuestras jornadas para disfrutar de las
cosas sencillas que nos ofrece la vida. Te amo pequeña Amanda
— en Pastos UdeC.
— en Pastos UdeC.
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