Y Filio con su “comandante” terminó por empoderarme.
Fue maravilloso hacerme la pregunta que siempre temo realizar:
¿Tienen sentido mis pasos el día de hoy?
La respuesta fue un: Siiiiiiiiiiiiiiii!!!!!!!!!!!!!!!
¡¡¡Hoy mis pasos tienen sentido!!!
Soy la palabra que sorprendida a solas quiso por fin escribirse





Supo escribir la historia derrochada,
Cuando el otoño me atropelle, me habré puesto un escudo bajo la ropa, habré maquillado mi rostro de una capa de protección extrema contra el daño feroz del paso otoñal por mis pupilas, me habré arropado con un abrigo amaranto blindado en su interior contra los silencios demoledores, habré comprado caramelos para entretener a la invitada soledad y habré albergado en mi piel las caricias que el astro solar me brindó en período estival.

El pudor no es más que la brújula insurrecta que deambula entre los tic tac descontrolados de un tiempo que no volverá.


Si la sonrisa es el idioma universal, la tristeza maneja códigos no verbales indescifrables. Herméticos constructos fulguran rocíos eternos que se alojan en el alma, carcomiendo las pupilas y robándonos la fuerza.
Cuando se trata de culpar a alguien de tal desdicha, los dardos apuntan siempre en la misma dirección, uno mismo. Se recorren las grietas de los caminos mal paridos y sus contornos esquivos susurran sonetos encarcelados en una celda alojada en un rincón del alma.
Y llega el último día del claustro voluntario, quedan algunas horas de hidratación artificial que permita un despertar de día lunes de sonrisa adulterada, fortaleza simulada y seguridad aparentada.
Payaso de rostro triste, la función debe continuar….

De aspecto confuso, rebelde a la prisa,
De niña, serena; de adulta, vehemente,
De noche elipsis; de día algarabía,
Mirada perdida que a ratos, se encuentra.
Perenne la lluvia que pinta y se queda,
Con suaves palabras construye una senda,
Con rigidez extrema, se mide a si misma,
No hay quien la persuada de aquella certeza.
Vacío equipaje la mira en silencio,
Se muda 100 veces del frío y la lluvia,
Construye paisajes de luz y de sombras,
Con suave susurro reclama ternura.
Se bebe la brisa del mar con su llanto,
Se viste de sueños y pinta un mañana,
Recoge su pelo, lo suelta al instante,
Recuerda que el viento a su antojo la despeina.


¿QUE ES "SER" TRABAJADOR SOCIAL?
Ser trabajador social es construir desde y con el otro.
Transmitir lo que se sabe sin reservarte nada.
Indignarse frente a las injusticias y actuar en consecuencia.
Permitirse ser autocrítico y reflexivo frente a nuestro quehacer.
Ser un militante empedernido del partido de los sueños.
Creer en el otro/a cuando nadie crea.
Creer que el abrazo y la sonrisa pueden mover montañas, y que cuando optamos por esta profesión hicimos una opción de vida.
Ser Trabajador Social es mantenerse con la esperanza intacta, Jamás perder la capacidad de asombro y nunca perder la fe.






Cuando las lágrimas no son una visita esporádica, sino la visita recurrente de un pasajero otoñal fingimos que no existe, la disfrazamos de cándidos conceptos, le llamamos sensibilidad, ternura, pasión, y otros sencillamente la confinan al oscuro mundo de los fármacos.
Como una espiga en una higuera




Un grito se oye desde la profundidad de su garganta, tanto que no alcanza a ser escuchado. Su boca cansada susurra silencios, su cuerpo danza al ritmo del sosiego, sus ojos destellan una luz de aparente calma. Pero nada en él es calma. Una brisa pasa por su lado pero ni siquiera lo despeina. La quietud sólo es aparente al igual que su sonrisa.
En una banca transcurre su vida, entre maniceros, carteles que se alzan en medio de gritos encarcelados, lustrabotas, escolares, vendedores ambulantes, etc. Muchos se sientan allí a su lado a diario, pero extrañamente nadie lo ve.
Al anochecer toma su silencio y lo lleva a otro sitio. Desconozco su andar, lo desconozco como desconozco a ratos el andar de mis propios pies a ratos cansados y en otros con claros signos de desasosiego.
Mientros lo miro desde la banca del frente sin atreverme aún a hablarle, me reconozco en esos silencios y también en sus pies desnudos.

¿A dónde irán a parar las palabras que se escriben a diario, esas que se teclean, o que se murmuran entre dientes, o aquellas que no alcanzan a decirse, o las que se quedan en el aire, o aquellas que vuelan a otros lugares esperando respuestas que nunca llegan porque jamás fueron recibidas……y aquellas otras que si se dicen, pero que al parecer nunca fueron escuchadas?

Una tenue lluvia se posa bajo la triste silueta del ocaso. La luz del día pide crédito a la noche, pero la noche es ingrata y no repara en urgencias cotidianas. La noche esquiva los fantasmas que aparecen tras el crepúsculo.
El reloj hace su práctica habitual. Sólo dos veces en el año su rutina se ve interrumpida.
Comienzo a sacar los kilos de ropa almacenados en un cuerpo invernal y espero ansiosa el regalo navideño que regala una hora más de luz a mi rostro.
Tan distinto es lo que ocurre el segundo sábado de marzo de cada año. Ese día podría ser arrancado del calendario. El cambio horario no sólo hace que oscurezca más temprano, también anuncia la ausencia de sol y la proximidad del rocío manto de humedad en el rostro.
No sólo las nubes cargan el peso de la lluvia con la llegada del otoño, también unos pómulos sinuosos, simulando ser tierra estéril esperan la llegada de un crudo invierno.
Debiera pensarse que el invierno pasado me dejó inmune y que hoy ese cúmulo de hojas secas serviría de adorno a mis pies desde hoy vestidos, sin embargo, los pronósticos suelen ser errados cuando se hacen desde la razón.

La rueda gira vertiginosamente dejando un vestigio de acontecimientos vacíos, polvorientos y sin vida.
Desde la vereda del frente observo mientras soy atraída por seductoras notas musicales que me llevan de la mano hacia un viaje transitorio, pero feliz.
Un pequeño refugio en medio de la rueda que gira y gira sin la más mínima proximidad de una pausa.
Si el camino está lleno de curvas, pendientes y vallas, bien acogida es la música, capaz de traspasar la implacable línea del tiempo que presurosa va deshojando los meses del calendario impidiéndonos regresar a través de él hacia un tiempo próximo, a una herida que el tiempo ha transformado en defectuosas cicatrizaciones del olvido.
Mientras la rueda sigue tras su paso raudo, yo sigo empeñada en el sueño de un despertar en calma.

Una luz traviesa me revolotea en círculos, se cuela entre la brisa que susurra entre mi pelo. Sostengo impetuosamente los breves minutos que quedan del día, los invito a permanecer despiertos frente a la rebeldía de un cuerpo que desprecia el frío que trae consigo el comienzo de una larga noche.
Una llama que se prende y se extingue ante los balbuceantes mareos de una conciencia que no abandona las distancias, que aunque lejos, se anidan desde la porfía misma de un disfrazado candor.
Se retratan con obsesiva testarudez las imágenes del relámpago antes que oscurezca, dejando testimonio elocuente de arrebato y energía.
Cuando amanece, el retrato que subyace a la vigilia, traerá consigo la quietud perenne de la nostalgia.
