jueves, noviembre 30, 2006

El silencio habla algunas veces


El silencio de pronto dialoga, suele dejar mensajes entre líneas, verdades inconclusas. Trae sin reparos remembranzas que terminan siendo absorbidos por la noche que calla en la oscuridad del letargo.

Cuando un recuerdo llega acompañado de nostalgia, una lágrima es la llave desde donde se abre un tesoro. Una lágrima es la que da vida a la raíz de un árbol que desde ese día crece hacia dentro. Así….las ramas son los brazos, las hojas son los ojos y es allí adentro donde se forja un submundo. De vez en cuando una lágrima se posa sobre la raíz y nace a través de sus hojas la mirada perdida que observa de manera fija indicando que en alguna parte quedó atascada la vida y se aprende a caminar de manera asimétrica, apoyándose desde la corteza que sigue moldeando las tres décadas de una existencia amparada en la nostalgia.

martes, noviembre 28, 2006

Cuentas Paralelas


La premura del tiempo suele desencadenar estragos en mi alicaída armonía, y es que aun los rayos de sol no se esconden y un nuevo día trae consigo la cuenta regresiva de lo no vivido.

Construyo atardeceres en mi cuenta paralela, un reloj imaginario que susurra lo que sólo yo quiero escuchar.

Un reloj de vida animada que suele hacer preguntas inquisidoras, bastante entrometido y cuestionador.

¡Que locura dirán los que lean esto! y es que ahora un reloj es su amigo imaginario. Que soledad dirán otros, que se hace acompañar de un objeto inanimado haciéndonos creer que de pronto ha cobrado vida. Que locura diré yo.....dejar que las horas y los días transcurran sin intentar descifrar si los pasos que se dan a diario son los que en definitiva nos conducirán hacia esa estrella luminosa que cada noche nos alumbra para recordarnos que es hasta allá donde debemos guiar nuestros pasos.

Un corazón zurdo guía esta travesía haciéndome palpar cada grieta del camino. Los tropiezos no son obstáculos sino señales. Las piedras no son escollos sino alertas. El llanto no es una barrera sino una puerta desde donde construir una nueva ventana.

Y así la vida transcurre entre peldaños y trampas, entre sonrisas y lágrimas, entre la prisa y la calma y yo voy aprendiendo a descifrar sus designios sin que por ello se me vaya la vida, solicitando se me conceda el privilegio de postergar el paso del tiempo sobre mi piel, tan sólo mientras logro descifrar el acertijo que me conducirá hacia ese lugar donde no hay escondites, ni túneles, ni pasadizos, ni jaulas, ni temores.

viernes, noviembre 10, 2006

La gente corre y yo no la veo



El rumor de las olas traspasa mis sentidos, un lenguaje de algas y caracolas susurran a mi oído. La arena acaricia mi templanza y mi fragilidad toda sucumbe ante la tibieza de un horizonte sin fin.

Y allí me quedo….pasmada; seducida por el lenguaje de las olas, reconozco su canto. La mar me coge y me abriga con su manto.

Unos pescadores se hacen a la mar a la distancia; toman sus redes y comienzan un diálogo lleno de códigos, formas, olores y tactos. La mar los alimenta y por eso la respetan.

Y yo, extranjera que deja atrás el ruido de la gran ciudad para sentarse frente a la inmensidad; para perderse entre el cielo y la tierra esperando encontrar respuestas en aquella búsqueda incesante por descifrarse.

El mar termina siendo cómplice de mis sueños, no es necesario dejarlos flotando dentro de una botella porque de igual manera quedan esparcidos; entre la tierra y el cielo, entre las olas que limpian un cuerpo prisionero de la vorágine permitiéndole regresar a esa ciudad atiborrada por gente presurosa de manera distinta, serena, aliviada, silenciosa.

La gente corre y yo no la veo.

martes, octubre 31, 2006

La breve línea que separa la existencia de la ficción


Útero fértil que no desea ser fecundado, lágrimas incandescentes brotan desde sus muslos, un secreto atrapado en la oscuridad del silencio. Un pequeño que no nacerá clama por ser escuchado.

Increpa, susurra, pregunta, cuestiona; nos hacemos los sordos para no escuchar aquel llanto que quiere traspasar la breve línea que separa la existencia de la ficción.

Fragilidad sin nombre, supuesto, proyecto, fantasía, ilusión.

Una canción de cuna que no será entonada porque lo que nace no es un niño sino las ansias del propio germen que se anida para brotar con la fuerza inusitada que le darán las alas cuando el viaje hacia el exterior haya culminado.

martes, octubre 24, 2006

Las palabras esta vez sobran


Suspendida en la corteza de un áspero contraste, ausente de marejadas que destellen aromas, susurro de una espectadora que ha elegido la prisa.

Hoy se reencuentra con aquella moribunda que le seguía los pasos; una friolenta que temía a los silencios y a la lluvia; una mujer consumida por las ausencias y la espera.

La mira desde la templanza de una pausa, recuerda que en algún sitio la dejó a su suerte.

Decide regresar para brindarle auxilio, la encuentra: se miran, se abrazan, se tocan.

Las palabras esta vez sobran.

viernes, octubre 13, 2006

Navegar contra la corriente


¿Y si arbitrariamente se decide configurar finales distintos a los archirepetidos cuentos infantiles?

¿Y si resulta que es la Caperucita la que captura al lobo y no la niña indefensa que por desobeder el mandato de sus padres sufre el vejamen de ser comida por un animal que en otros cuentos resulta que es un ser amigable y bonachón, y más bien resulta que camino a casa de su abuela se sienta a descansar bajo un árbol, para leer aquella historia del Principito que habla de su amistad con el zorro (zorro....lobo....que más da) y deciden domesticarse el uno al otro?

¿Y si resulta que Wendy opta por quedarse eternamente en el País de Nunca Jamás, abandonando para siempre la posibilidad de convertirse en adulta, alimentando la imaginación de tantos niños perdidos que han encontrado el mejor de los refugios de la mano de su sabio amigo Peter Pan?

¿Y si resulta que la Bella Durmiente no sobrevive con el beso de un apuesto príncipe, sino con la noticia maravillosa de que hará algo extraordinario con su propia vida una vez que se despierte?

¿Y si resulta que la Lechera nunca aprende la lección y en un arranque de rebeldía decide seguir construyendo sueños en cada sitio, aunque se le rompa diez mil veces la jarra de leche?.

¿Y si resulta que en este cuento llamado vida, en que abundan Caperucitas, Wendys, Peter Pan, Principitos, Zorros, Lobos, Lecheras y Bellas Durmientes nos unimos y decidimos navegar por siempre contra la corriente?

miércoles, octubre 11, 2006

La temible imprecisión de lo auténtico


Las paredes se derrumban; un manto de polvo sacude los últimos baluartes de la mesura. Sucesos que recorren el contiguo azulejo de la desdicha. Una marcha fúnebre pasa despavorida frente a unas pupilas enrojecidas por la devastación de la temible imprecisión de lo auténtico.

Se viste de luto, comienza su duelo. Recoge semillas, las vuelve a plantar y en la mirada que se fuga desde el espejo que la cobija se escucha el canto que muy pronto la acariciará.
Anita

lunes, octubre 09, 2006

La vida no es más que el constante ritual de abrir y cerrar una caja de pandora


Cae el telón una vez más y la breve ranura que separa el día de la noche se in visibiliza. La noche ya no cae dejando una estela gris y pesada sobre mi corteza, sino la cálida suavidad de las antorchas que alumbran un nuevo amanecer.

Y como si todo se hubiese confabulado con una nueva historia, se viene fraguando la ansiada llegada de los rayos solares que tanta falta me han hecho, como la certeza de que sigo viva, que sobreviví a un frío y desolado invierno y que hoy sólo soy la espectadora incrédula que se mira a través de la radiografía de su propia existencia, haciéndose acompañar por un cúmulo de papeles e imágenes, fiel reflejo de la construcción y destrucción de uno que otro cimiento de cemento, arena y arcilla.

Hoy tomo la arcilla que quedó de ese proceso y comienzo a moldear un futuro donde sigan teniendo espacio los sueños, las alas, la risa, las lágrimas, la palabra y la convicción de que la vida no es más que un constante ritual desde donde una caja de Pandora se abre y se cierra para hacer de la vida una eterna encrucijada de encuentros y desencuentros.

Anita

sábado, septiembre 23, 2006

Mundos Paralelos


Laguna incandescente que se azota contra un muro que no cesa de albergar espinas, lodos y tormento, que amenaza los cimientos que conducen a la calma.

Se siente el rugir de una locomotora que en otro tiempo supo de reencuentros y despedidas y que hoy no es más que la añoranza de los ancianos que se sientan en una estación esperando que algo les haga sentir que aún están vivos, más allá de la ladera de un cerro, la orilla de un río o aquel riel por donde transita su historia fraguada en una pequeña estación de ferrocarril.

Unos locos hacen su último viaje llevando consigo el apesadumbrado equipaje del destierro. Un par de vagones emprenden un viaje en sentido contrario, polos que nunca más volverán a encontrarse. Una brújula ha emitido su sentencia de mundos paralelos donde reina un silencio sordo, ciego y mudo.


Siempre en algún tren algún pasajero sueña con lugares deshabitados que les pertenecen, quijotes y sanchos panza que iluminan el camino haciendo de este un lugar donde los sueños toman color, forma y sentido. En un tranvía se bordea a una ciudad condenada a vivir en la marginalidad. En un tranvía se observa lo que la urbe se esfuerza tanto por ocultar y que yo me empeño por no olvidar.



Anita

martes, septiembre 19, 2006

Una cortina de humo embriaga mis sentidos


Atrapada en la mesura se cobijan los impulsos. Se derraman los aullidos al amparo de la noche. Una cortina de humo invita a hacer un viaje seduciendo a la armonía que abandona su templanza.

Reconozco esos latidos, asimilo esas miradas,emergen los recuerdos imbuidos por el tacto, se desprenden las caricias evocadas de nostalgia, un suspiro me atraviesa y sucumbe con la espera.

Me despojo de las lágrimas, espantando la añoranza, se consumen los anhelos aguardando mis auxilios, me recorre la tibieza que se extiende hasta mi pelo, la existencia se humedece amparada en la penumbra.


Anita

jueves, septiembre 14, 2006

Al amparo de unas teclas sobreviven los silencios


Fracturada la inocencia, la ceguera es la salida. Subterfugio de esperanza que dialoga con los muertos. Alimento de sus pasos, sortilegio de emociones, al amparo de unas teclas sobreviven los silencios.

Se apacigua la mirada arrancando de los gestos. El abrazo es un asilo esquivado por el miedo. Se disfraza de apariencias, hace trueque con la vida. Pide crédito a la risa sollozando en la penumbra.

Habitante provisorio de un borrador andante que asimila la explosiva necesidad de traducirse, sin mediar intérpretes ni videntes, sino la libertad de una muñeca zurda que se desplaza sin pausas ni interrogantes que busca lo que no encuentra y tropieza con lo impensado.
Anita

lunes, septiembre 11, 2006

Deshojando el calendario




Las horas trascurren a paso lento dejando una estela de impaciencia sobre mí.

El día me sorprende desdibujando los días del calendario armando y desarmando las proximidades de un encuentro.

Sujeto con fuerza la sensación contigua de su mano rozando mi cara. Sabrá que sigo viva cuando sienta una lágrima humedeciendo su mejilla.

Le enseñaré lo que queda de la que dejó al partir, y me faltará vida para exteriorizar lo que la lluvia, el frío, la arena y las algas marinas hicieron de mí.

Un sol de septiembre nos anunciará que aún quedan sueños para los dos, recorreremos nuevamente esas calles que nos han visto crecer y envejecer, ahuyentaremos la soledad de estos meses eternos con nuestro canto, Pintaremos la casa de colores y pondremos muchas flores.

Abriremos la ventana a los sueños y dejaremos entrar la risa.

Nuestras miradas volverán a ser nuestro refugio y el amanecer tendrá nuestro aroma.

Anita

Detrás del mostrador



Anita

El destierro de una memoria sin olvido


Transformar en flores los surcos.

Escarbar en los profundos subterráneos de la huída.

Seguir la huella dejada por el forastero de manera de comprender los confusos significados de la perenne lluvia que brota de unas pupilas rebeldes que no entienden razones, que no conocen más que el lenguaje de los afectos y que sucumben al saberse confinadas al destierro de una memoria sin olvido.

Anita

Cuando el peor verdugo es uno mismo


Ahuyentar el aullido tropiezo de la culpa.
Resistir los discursos incendiarios desafiando sus insultos.

Socavar en la real existencia del equívoco, descifrando errores que con el pasar de las horas se transforman en horrores que amenazan con constructos y certezas devaluados y condenados a la extinción.

Comprender que los cimientos inquebrantables pueden volverse frágiles e impermeables y que su consistencia depende de la capacidad de regresar a la cuna, mirar desde la inmensidad de quien descubre el mundo por primera vez haciendo del silencio un escudo y del llanto un asilo.

Desprenderse de las ropas que nos ocultan bajo el sutil disfraz de la cordura.

Hacer del espejo un refugio, recrudecer la mirada expulsando la tolerante contemplación de quien se reconoce en un espejo.

Luchar todos los días para no convertirnos en nuestro peor verdugo.

Anita

Un despertador intruso e irreverente se atreve a interrumpir mi viaje

Me he sumergido en esas aguas muchas veces, he nadado sin prisa, navegado sin remos. He construido un mundo en los taciturnos oleajes del absurdo, haciéndome amiga de la caracola y cómplice de las sirenas.

Las algas me han tendido una trampa y he forjado una batalla sin tregua entre el abrazo cálido y la inusitada violencia de la posesión primaria, que han dejado heridas mis extremidades y cercenadas mis pupilas.

Una ola ha limpiado mis lágrimas y acariciado mi espalda. El mar me ha cobijado con su canto y me ha sostenido con la brisa.

La noche lejos de dejarme a oscuras ha iluminado mis pasos y me ha dejado desnuda con una suave manta de arena sobre la piel. He sostenido un diálogo con la marea danzando al ritmo de las olas y dejándome seducir por su lenguaje.

El día me sorprende a tientas. La noche y el sueño se despiden. Dejo de oler la brisa marina y sufro el despertar más temido: un despertador intruso e irreverente que se atreve a interrumpir mis viajes y me lleva de regreso a la verdadera oscuridad del día: La realidad.


Anita

Algunas de las cosas que quiero


Intensificar las miradas, apaciguar frustraciones, socorrer la palabra, acoger la premura. Sostener ese abrazo, contener el sollozo, remover los escombros, suplantar la tristeza. Asistir al cansancio, provocar los sentidos, arrollar con palabras, conmover con la risa. Construir un castillo con mis frágiles manos, repartir la alegría en completo silencio y expatriar al tirano que se roba mi júbilo.

Invitar a la imperfección a dormir la siesta a mi lado, y pedirle que me conceda el privilegio de acompañarle, cosechar abrazos y devolver sonrisas. Transformarme en oído, recapitular sueños, acortar distancias y desterrar el olvido. Transportarme a la infancia y dejar allí construida para siempre una pieza de "alojados" donde refugiarse de ese odioso y represor mundo de "la adultez".

Finalmente, y en un arrebato de locura, mirarse a un espejo y dar señales de sensatez, la que no es más que la convicción de que el tiempo sólo hace crecer arrugas en la piel, pero no borra ni hace desaparecer a ese ser de esencia risueña que un día, hace algún tiempo nos habitó.
Anita

Empezando a salir del caparazón...el chaparrón va en retirada


Contemplaba maravillada el regalo entregado por la madre naturaleza esa mañana. El cielo esta vez se abría de par en par, y al hacerlo parecían salir de sus cuevas uno a uno todos los que esparcidos entre el humo y la niebla, aparecían refugiados dentro de una caparazón soportando la fría soledad de tantos días grises y mudos.

Colores chillones revoloteaban ante sus ojos, risas escondidas en sueños adornados de niños acompañaron su descanso, y por la mañana ese pequeño picaflor le anunciaba que allí estaría cada mañana, para traerle su canto alegre y esperanzador.

¿Cómo permanecer encerrada en esa caparazón ante tanta belleza?

Al llenar sus pulmones de ese nuevo aire que comenzaba a respirar, le seguía el anuncio de que aún seguía viva, que había sobrevivido a ese frío y desolado invierno.

Ese cielo azul, ese picaflor que le regalaría su canto por las mañanas y ese ciruelo que se vestía de flores la estaban llamando, era la fuerza de la naturaleza y no de los hombres la que la impulsaba a salir de una vez de ese escondite que la mantenía inerte y sin vida.

Sí, y como la belleza siempre viene acompañada de música, esa mañana comenzó a escucharse aquella canción de Serrano que le traía una maravillosa noticia: “HOY ES SIEMPRE TODAVIA”.

Anita

¿Y después de descamarse que?

Al despertar aquella mañana no hizo más que abrir los ojos y supo de inmediato que algo le había pasado a su cuerpo. Las profundas heridas y llagas que había curado con tanto esmero la noche anterior, habían desaparecido para dar paso a otro proceso de sanación; y es que ahora era su piel, la que se descamaba vertiginosamente.
De nuevo el miedo irrumpió sus pensamientos, tantos cambios la hacían desconocer con exactitud quien era y en que se convertiría una vez que dejaran de ocurrirle todas estas transformaciones en el cuerpo. Ella sabía desde hace mucho que experimentaba una metamorfosis, pero lo que no sabía era que esta se vería alterada por sucesos que no tenían que ver con ella precisamente, sino con un mundo gris y oscuro que daban forma a sus pesadillas.

Mirarse al espejo y no reconocer allí atisbo de cercanía era un ruido ensordecedor, encontrarse heridas distintas cada día y pedazos de piel en las sábanas era algo a lo que debía hacerle frente cada amanecer.
Pensaba qué pasaría si de pronto al salir a la calle no fuese reconocida. Tantas veces que soñó con poseer la capa de la invisibilidad para no ser vista y hoy la posibilidad de que ya no la necesitara era inminente. Difícilmente los que la conocían verían en ella la persona que la habitaba.
Cómo saber si había muerto en ella también la capacidad de soñar, cómo saber si esta nueva mujer había dejado abandonada para siempre a esa niña que la habitaba o si definitivamente había muerto en aquel violento accidente de tránsito para no regresar jamás.

Anita